18 mayo 2007

capítulo 33

DE GUILOCHE



Padre prior de Guiloche era su nombre completo. Nacido en tierras lejanas e hijo único-a su parecer-.
De exquisitos modales de joven y nariz prominente también.
Educado en la eucaristía del Señor, jamás en una iglesia entró.
De padre pudientes y cultura fácil.

No tendría ni quince años cuando agujero encontró.
Una muerte de placer inesperada. Una muerte y huyó.
Guiloche como apellido tenía, Guiloche una muerte le perseguía.


De su tránsito por los mundos apenas su amor por las cajas nos queda.
Su metodología era intrínseca a él. Gustó de coleccionarlas al poco de partir. Coleccionaba todas ellas con mimo y un poco angustia.
Las primeras de color marrón y poco porte.
En su paso por Aquitania de colores vivos y grandes dimensiones y, por la estepa del norte, rectangulares y negras- de fácil transporte-.

Todas ellas almacenadas en poblado sin igual.
Compró gran casa con vistas a la plaza donde un gran ventanal le advertía de cuanto acontecía y dispuso de unos reales extra pues capa obispal todavía no tenía.
Desde allí, con sigilo y paciencia, su nombre cambió.


Padre Prior de Guiloche perdió su pasado, Padre Prior su futuro encontró.

El respeto encontró en todas aquellas gentes al verlo pasar. Su capa y su porte adivinaban hombre de Fe y cultura sin igual. Las damas lo miraban con sonrisas viperinas y los hombres con gran admirar.
Una capa obispal y un pasado sin recuerdo; Unas cajas y un extraño caminar.

Sor Monja pensando
Acaso recordando
Un hermano muerto
A manos de un hombre tuerto.

Padre Prior era tuerto-así rimaba y así lo afirmaba-.

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