06 marzo 2008

Cuarenta + tres

EL BAÑO

La ciudad brillaba de nuevo con el iluminar de un sol que golpeaba con fuerza la retina de los paseantes. El frío permanecía como los cuervos en ramal desnudo, con la cabeza girada cual exorcismo, evitando así el destello de unos rayos que cegaran la visión de la muerte.
El diablo negro, con babuchas que protegieran sus pies del viento rasante y, los pájaros golondrios, en piar constante por el azul celeste de un cielo inmaculado.
Un día después de un día especial. Un regalo final por mujer amada; un regalo para sus ojos, los míos y una emoción retenida por las circunstancias.
Jueves. Víspera del todo, de la nada, quién sabe.

-Tampoco va a pasar nada por lo que veo-
-Deja que corran las palabras-

El ratón…
-¡Joder con el ratón de los cojones!-
-Repito- El ratón refugiaba su cuerpo en un balde de agua con el cuerpo impoluto, enjabonado por las manos de María. Las orejas gachas, la cola tiesa.
El viejo, sentado frente al pájaro negro, sin apartar la mirada de él, desafiándose los dos en un juego de vida y muerte, de paciencia y tortura.
Carlo, en tejo lejano, dejaba caer su cabeza por ventanales mujeriles esperando quizá una invitación para buena relajación. Su sonrisa, su quejido, sus locuras semidesnudescas…
Dos golpes en la puerta, dos ojos tras de ella.

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