08 febrero 2008

Veinte + uno

DUERME; COMO LA LUZ DE LA LUNA


Los viernes eran días especiales para mí por entonces.
Me sumía en la alegría de un fin de semana lleno placeres-poco carnales-.
Carlo, con la semidesnudez propia de un arquero troyano, andaba por el tejo de las casas.
Sus pies desnudos no alertaban de su presencia y, cuando menos lo esperabas, dejaba caer su cuerpo de golpe y porrazo por delante de la ventana.
-Vaya imbécil no?-
-Sangre y dolor no eran problema para él-.
María dormía conmigo, en camisón de fuerza, para que mis manos no perturbaran un sueño exquisito lleno de sonrisas y placeres sin igual.
-Pareces tonto. ¡Si era una monada!-
-Por ello me llamo como me llamo y no Ivanhoe o Macuin-
La miraba de noche, cuando dormía y, apenas una caricia por su mejilla me hacía creer en el amor.
Una noche, cuando en su infinita sonrisa dormía dulcemente…
-Qué, qué, ¿qué paso?-
El pájaro negro dormía. Sus pies de pájaro ocultos en unas abarcas tamaño pequeño y su ojo desnudo, sin cerrar.
-¿Pero qué pasó esa noche con María?-
El viejo, con su lágrima infinita en los ojos, abrazado a un libro, con la pasión de un enamorado a su amada.
Y en mis sueños comencé a pintar cuadros de colores en un mundo perfecto…

2 comentarios:

espectadora dijo...

mmm... carlo ante mi ventana...

carlónimo dijo...

como espectante, también...