10 noviembre 2008

Capítulo 38

LA CASITA


La casita era de cuento. 
Las luces apagadas.
La chimenea ardía con fuerza.
El vino, recién abierto, descansaba sobre la mesilla de al lado.

Me senté frente a ella.
Clavó su mirada en la mía.
Cogió la copa y lamió uno de sus dedos manchado en uva.
Tumbó su cuerpo en el sofá sin retirar sus ojos de los míos.
Mordió su labio.
Cerró los ojos por unos instantes. 
Al abrirlos, aún brillaban más. 
Me miró de nuevo. Sus labios, su lengua... jugaba conmigo.

Abrió las piernas; debajo, nada.
Mordió de nuevo su labio, me miró, cerró los ojos, los abrió de nuevo, me miró.
Sus manos apartaron la falda que cubría un cuerpo desnudo perfecto.
La subió hasta la cadera, y comenzó a acariciar su sexo sin apartar la mirada de mi. 
Su labio cada vez más húmedo, más mordido y su respiración, más agitada.

Una de sus manos sobre uno de sus pechos. Lo acarició por encima... 
Desabrochó los dos botones que lo cubrían dejando el pecho al descubierto, desnudo frente a mis ojos. 
Acarició más y más su cuerpo con movimientos cada vez más expontaneos y los jadeos cada vez profundos.

No retiraba su mirada de mis ojos, de mi cuerpo, de mi ...
Con el dedo que acariciaba su sexo me dijo:
-Ven-

5 comentarios:

tórtola dijo...

no hay que creer en los cuentos de hadas

kakan dijo...

Hay que creer...siempre hay que creer.
Para todo, sobretodo para lo que pensamos imposible.

tórtola dijo...

Por lo que veo y entiendo no predicamos con el ejemplo

Anónimo dijo...

Joé¡¡¡¡¡¡¡ ............y luego nos quejamos................

kakan dijo...

Es un cuento eh!... nada parecido a la realidad